PORTADA

 QUIÉNES SOMOS

 HISTORIA

 PLANO

 CÓMO LLEGAR

 DATOS ACTUALES

 FOTOS HISTÓRICAS

 MENSAJES

 DATOS GEOGRÁFICOS

 LUGARES DE INTERÉS

 CONTÁCTENOS

 AUTORIDADES

 SOCIALES

 CORREO JNFNET

 GUÍA TELEFÓNICA

 CENTENARIO

 NECROLÓGICAS

 101 AÑOS

 

         

 ANECDOTARIO DE JUAN N. FERNÁNDEZ

  Este link se lo debemos al señor Roberto Iguera.

  A raíz de los hermosos relatos que nos ha mandado de su niñez y adolescencia vividas en nuestro pueblo, abrimos este espacio para que cada cual, con sus palabras o con fotos nos haga partícipes de sus vivencias.

  Nuestra comunidad, a lo largo de sus casi 100 años, tiene plasmada anécdotas de todo tipo.

  Un escultor, antes de comenzar su obra maestra, mirando el bloque de piedra, dijo: "la figura está ahí, sólo hay que quitarle lo que le sobra".

  Las anécdotas están en nuestro tiempo, sólo hay que sacarlas de allí y volverlas al presente.


“LA LLAVE DEL PUEBLO”

ANÉCDOTA ESCRITA POR ROBERTO IGUERA

(26 / IX / 2012) ¡Cómo cambian los paradigmas con el tiempo! Seguramente la gente que vive allí, se va olvidando de las condiciones de vida que gozaba veinte años atrás, por culpa de la pandemia de la inseguridad que invade aún los enclaves urbanos más pequeños de la provincia. Cada episodio ocurrido en los últimos tiempos va generando un durísimo clima de desconfianza y la necesidad de aferrarse al reclamo como signo de actitud ante las autoridades, porque está incorporado en la cultura de la gente que debemos ser cuidados por quienes tienen el deber de cuidarnos. Digo esto porque la contrapartida de no poder vivir con todo a la mano como en las grandes ciudades era, justamente, el valor de la tranquilidad, tan poco apreciada cuando se la tiene y se la goza. Y eso pasaba en JNF al momento de recrearse los recuerdos que nutren, una vez más este espacio anecdotario.
Cumplía quince años mi sobrina, y como hito importante de su vida iba a haber fiesta en casa de mi hermano. Hicimos entonces, con tiempo, la correspondiente reserva en el hotel “Americano” para pernoctar (corta noche) de ese sábado. Temprano, recalamos en el hotel para ir acomodando los turnos para asearnos y cambiarnos y fuimos conducidos a nuestra habitación por Carlos Iberra, por aquel entonces titular único del establecimiento. El primer impulso de mi esposa, muy citadina ella, fue advertirme que faltaba la llave del dormitorio, que no era de los construidos últimamente, sino de las primitivas habitaciones reformadas y modernizadas. Pero una de las cosas que no había sido cambiada era la enorme puerta de dos metros y medio de alto. Me pidió que fuera a reclamarla, y ello me permitió, porque había mucho tiempo, sentarnos con “Coco” a tomar algo en la barra del magnífico e histórico comedor del hotel y enfrascarnos en una animada conversación entre dos amigos que hacía mucho tiempo no se veían. Pasado un buen rato le expuse que faltaba la llave, y rápido noté que había sorprendido a mi interlocutor, que comenzó a frotarse suavemente la barbilla en clara señal de preocupación. Luego de retirarse a la cocina y demorarse algún tiempo en volver, me dijo que fuera tranquilo a “la pieza” que ya la estaban buscando. Pasaba el tiempo y mi esposa se cambiaba custodiada por mí, pero a su vez prometía que si no había llave ella se iría a otro hotel ¿? (de todas maneras yo le decía que sí, que si no había llave en el Americano iríamos al Indoamericano). Cuando ya era casi la hora de partir para la fiesta apareció Coco con una amplia sonrisa en el rostro, blandiendo una llave de aproximadamente unos quince centímetros de largo, de color marrón oscuro; una llave de “aquellas”, que me produjo una no querida carcajada, tomada por Carlos con cara de pocos amigos, y que sin embargo fue probada y aprobada de conformidad por la quejosa pasajera-
- Perdoname negrito, pero yo no te pedí “la llave del pueblo”, porque no soy un pasajero ilustre!, mientras rodeaba sus hombros y contenía su enojo. Mi señora conforme. Pero apenas apartados de ella el Coco me retrucó:- ¡No le vayas a decir que con esa misma llave se pueden abrir todas las demás habitaciones de este hotel, a ver si cumple con su amenaza y la tenés que ir a buscar a Necochea! ; ¿No sabe que acá no hay otro hotel?
La llave, ese superfluo adminículo tan intrascendente por aquellos años y que adquiere tanta relevancia por estos días, al punto que su extravío podría significar la diferencia entre “trancar” la puerta por dentro o velar la noche sentado en una silla con una escopeta en ristre, también, seguramente, será preocupación de los pasajeros en el Hotel Americano.-
Roberto Iguera
Bahía Blanca, 22 /09/2012